
¡Hola! Soy Adrivana, creadora de este espacio donde he comenzado una serie, en la que comparto mi experiencia realizando estudios en el extranjero, información sobre la beca Erasmus, la beca Chevening, consejos para redactar cartas de motivación, obstáculos a la hora de estudiar en otro país, mi experiencia estudianto y viviendo en Tartu (Estonia) en Glasgow (Escocia, Reino Unido) y en Cracovia (Polonia). En la presente publicación quiero contarte un poco más sobre cómo fue mi experiencia hablando y estudiando diferentes idiomas durante mi máster Erasmus.
Idiomas en un Máster Erasmus: lo que debes saber antes de empezar
Estudiar en el extranjero generalmente implica utilizar un idioma diferente al nuestro. A veces coincidimos con un país donde se habla nuestra lengua materna, pero eso no es lo más común. Y cuando se trata de un Máster Erasmus Joint, esa experiencia lingüística se intensifica todavía más.
En este tipo de programas, el estudiantado suele cursar clases en dos o incluso tres universidades distintas, normalmente ubicadas en países diferentes. La mayoría de las instituciones que participan en estos convenios están en Europa, un continente donde conviven una enorme diversidad de idiomas, tradiciones y formas de comunicación.
Para facilitar el aprendizaje y garantizar que todas las personas puedan seguir el programa, el inglés se ha convertido en el idioma central de la mayoría de los Másteres Erasmus. Por eso, al momento de aplicar casi siempre se exige acreditar un nivel avanzado de inglés mediante un certificado oficial.
Sin embargo, esta es solo una parte del reto. Al vivir y estudiar en distintos países, puede que no siempre te comuniques en inglés en tu día a día. Y, dependiendo del enfoque del programa, se valora —o incluso se incluye como requisito académico— aprender otra lengua específica relacionada con la región de estudio.
En pocas palabras: un Máster Erasmus no solo amplía tus horizontes académicos y culturales… también amplía tu repertorio lingüístico.

Mi experiencia con los idiomas durante el Máster Erasmus
En mi caso, como ya les he contado, tuve que demostrar mi dominio del inglés para poder ser aceptada en mi máster Erasmus. Pero además, mi máster incluía la obligatoriedad de estudiar un idioma extranjero relacionado con la región de especialización.
En mi año, las opciones disponibles eran polaco, ruso y húngaro. No obstante, según el curso académico, también pueden ofrecerse otras lenguas regionales como bosnio-croata-serbio, estonio, georgiano, kazajo, rumano, entre otras. La disponibilidad varía cada año, así que es algo importante a considerar al postular.
Yo elegí polaco como mi idioma principal durante el primer año, complementé con ruso el primer semestre y, para mi sorpresa, terminé enseñando español en mi tercer semestre del máster. Cada uno de estos idiomas marcó una etapa diferente de mi experiencia Erasmus, y todos aportaron algo valioso a mi formación académica y personal.
Inglés
Mi experiencia con el inglés durante el máster fue variada y cambió mucho a medida que avanzaban los semestres. La primera prueba llegó incluso antes de empezar: demostrar oficialmente mi nivel de inglés con un certificado internacional, requisito indispensable para obtener mi admisión incondicional. Yo opté por el examen IELTS. Aunque no fue imposible, sí requirió esfuerzo y planificación: - Varias semanas de estudio disciplinado -Un costo económico considerable -Mucha concentración para dominar cada una de sus partes
Yo nunca había utilizado el inglés de forma constante en mi vida diaria. En la escuela había recibido clases básicas, insuficientes para dominar el idioma. Aun así, algunos factores jugaron a mi favor: siempre consumí películas, música y contenido en inglés y además, trabajé en turismo, lo que me permitió practicar con clientes internacionales. Aun con esa base, prepararme para el examen fue un reto real. Y el siguiente reto llegó al comenzar las clases.
Pasar a un contexto totalmente académico en inglés fue uno de los mayores desafíos del máster: Clases y seminarios completamente en inglés, lecturas extensas de artículos científicos en muy poco tiempo, ensayos, presentaciones y debates con estándares académicos altos.
Tuve que aprender rápidamente no solo vocabulario, sino también cómo pensar y argumentar en una lengua extranjera. Fue un proceso de adaptación constante, en el que avancé a la vez que mis asignaturas se volvían más exigentes. Además, mis compañeros venían de países muy diversos, con idiomas maternos completamente diferentes. El inglés era nuestra lengua común para conectar, estudiar y socializar.
Polaco
Mi experiencia aprendiendo polaco fue, sinceramente, maravillosa. Aunque comencé desde cero, varios factores hicieron que el camino fuera más llevadero y motivador. Por un lado, el profesor que impartía el curso en la Universidad de Tartu era excelente, y eso siempre marca la diferencia. Por otro, yo ya había estudiado ruso en mi pregrado, y eso me ayudó a comprender algunas reglas lingüísticas más rápido, ya que polaco y ruso son lenguas eslavas y comparten ciertas similitudes.
El polaco era obligatorio dentro del programa, pero lejos de sentirlo como una carga, se convirtió en una de mis asignaturas favoritas. Disfrutaba cada clase porque siempre me han apasionado los idiomas y, además, era una de las pocas materias donde podía aplicar directamente las habilidades lingüísticas que había desarrollado previamente. Fue una experiencia gratificante sentir que lo que había aprendido antes seguía teniendo valor en este nuevo contexto.
Ruso
El ruso lo había estudiado en mi carrera antes del máster, y creo que eso jugó a mi favor durante el proceso de selección. Mi programa se enfocaba en estudios sociales y políticos de Europa del Este y Central, Rusia y Eurasia, así que tener conocimientos de ruso resultaba totalmente pertinente.
Aunque decidí enfocarme más en el polaco —ya que iba a pasar mi tercer semestre en Polonia— no quería perder contacto con el ruso. Por eso me inscribí en un curso online, que me permitió mantener activo lo que ya sabía.
Además, tuve la oportunidad de practicar con varios de mis compañeros, especialmente quienes venían de Kazajistán y Ucrania, donde el ruso es ampliamente utilizado. No fue una práctica intensiva ni diaria, pero sí una forma bonita de mantener viva esa conexión con el idioma y con la región que estábamos estudiando.
Español
El español, mi idioma nativo, también tuvo un rol muy especial en mi experiencia Erasmus. Durante mi tercer semestre, en Polonia, realicé un voluntariado en un centro multicultural de Cracovia, donde pude poner en práctica mi perfil lingüístico desde otra perspectiva: la enseñanza.
Al inicio, mis tareas eran generales, como las del resto de voluntarios: apoyar en la organización de eventos, traducir pequeños textos para redes sociales, tomar fotografías y colaborar con el equipo. Sin embargo, el centro tenía una política muy abierta a propuestas nuevas que pudieran aportar a su misión, incluyendo clubes de conversación y clases de idiomas.No dudé en aprovechar esa oportunidad. Me ofrecí para organizar un club de conversación en español, y más adelante me pidieron apoyar también en las clases de español para un grupo de seniors que asistía a otro proyecto del centro. Preparé materiales, actividades de gramática y dinámicas comunicativas… y mis estudiantes disfrutaron tanto como yo.
Fue mi primera experiencia enseñando español, y la recuerdo con muchísimo cariño:
crecí profesionalmente, conecté con personas increíbles y confirmé que compartir tu lengua también es compartir un poco de tu mundo.
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Todo este viaje lingüístico fue una parte fundamental de mi máster. Aunque mi programa era de ciencias sociales y políticas, yo venía con un background lingüístico, y al principio me costó adaptarme a tantos conceptos nuevos. Pero precisamente por eso, cada ocasión en la que pude aplicar mis conocimientos en idiomas —e incluso en didáctica— se volvió significativa.
Nunca imaginé que mi pasión por las lenguas extranjeras encontraría un lugar tan importante dentro de un máster que parecía ajeno a mi formación previa. Sin embargo, ahora sé que los idiomas abren puertas: académicas, profesionales y humanas.
Me siento muy agradecida por haber vivido un Erasmus que no solo transformó mi vida académica, sino también mi manera de comunicarme y de verme como profesional.
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